¿Porqué a los bailarines nos gusta competir?

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 Fotografía: Prix de Lausanne, Suiza.

En los últimos años hemos experimentado un creciente aumento de los concursos. Antes, ir a concursar eran altos vuelos, pero ahora todos los estudiantes de ballet pueden encontrar un concurso que se adapte a su nivel, y en el que ganar o no siga siendo una sorpresa. Pero… ¿Porqué nos gusta tanto participar en concursos? ¿Qué diferencia hay entre salir al escenario para exhibirse y para competir? 

La danza, como todos los deportes y todas las artes, es una disciplina de largo recorrido, por muchas aptitudes que tenga el estudiante de danza éste debe de moldear su cuerpo durante sus años de formación y debe de adquirir la madurez necesaria que le permita expresarse a través de su interpretación artística como bailarín. Los esfuerzos de hoy se verán levemente recompensados el mes siguiente, o quizás en un período de seis meses e incluso un año o dos para los avances más notables; de forma que el bailarín debe ser paciente, fuerte y persistente y no desanimarse con facilidad. Los resultados son a largo plazo.

Raff3 Fotografía: Lucrezia Simone.

Bailarina: Raffaella Crapio.

El problema es que en la actual sociedad tecnológica, en la que prima la inmediatez gracias a una serie de condiciones que la favorecen (como internet, la televisión, el microondas, el teléfono móvil, ordenadores portátiles, métodos de transporte cada vez más rápidos…), se contrapone al tiempo necesario para la formación del bailarín.

Los concursos corren el peligro de ser la comida rápida del bailarín (satisfacción inmediata). Cuando el estudiante de danza concursa (en un concurso adecuado para su nivel) recibe un reconocimiento de su trabajo inmediato, una puntuación. Por eso hay que tener cuidado y tener claro el objetivo que se busca al participar en un concurso: si es por la necesidad de un reconocimiento o si es para abrir puertas que contribuyan a la formación del bailarín.

Concursar es muy interesante siempre y cuando el bailarín sea consciente de porqué concursa y tenga cuidado con las respuestas emocionales a los resultados. También es crucial que el bailarín tenga claro que el trabajo real se realiza diariamente en la clase y que su motivación debe ser intrínseca. El objetivo es bailar para mejorar técnica y artísticamente, no para concursar.

 

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