Crítica de La Belle, de los Ballets de Monte Carlo.

EL LICEO SE LLENA DE MAGIA CON LOS BALLETS DE MONTE CARLO.

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Se abre el telón. Inicialmente aparecen escenas que entenderemos a medida que avance la trama… En un primer impacto me sorprenden la estética y la caracterización de los personajes. El color del mundo de Bella inunda el escenario y el estilo es recargado, elegante y un poco futurista.

La historia en la que se basa Jean-Christophe Maillot para el desarrollo de la obra es La Bella Durmiente, un cuento de Perrault. En cambio, la narración de La Bélle y su argumento son modernos, y se basan en una estética infantil y con aires pop. La música es una ampliación de la original de Tchaikovski con fragmentos añadidos de Romeo y Julieta. 

La Bélle es un ballet con un lenguaje clásico y toques de contemporáneo, pero con una puesta en escena totalmente contemporánea. La técnica está al servicio de la dramatúrgia y Maillot utiliza los movimientos a su favor para expresar a través de los bailarines lo que necesita la trama. Ello da como resultado un amplio abanico de movimientos diferentes e innovadores por cada tipo de personaje, haciendo un uso del suelo moderado y sin grandes virtuosismos. Todos los movimientos tienen un sentido acorde al personaje. Desaparecen las variaciones, los pas a deux y las codas tal y como los conocemos en el repertorio clásico, ya que en esta coreografía sobran las demostraciones gratuitas de los bailarines. Lo que hace Maillot es unir en un solo espacio la mímica y la danza, construyendo movimientos nuevos y a veces sorprendentes.

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El espectáculos está marcado y dirigido por los dos mundos contrapuestos: El del Príncipe, el mundo real, y el de la Bella, el mundo fantástico y protegido de todo lo malo.

El primero, sombrío, de miedo y de sumisión. El príncipe es un personaje atormentado que aunque sabe lo que quiere, se presenta como alguien sometido a las voluntades ajenas y que además aparenta menos edad de la que se le presume físicamente. La Reina es una mujer con intenciones malvadas y sin sentimientos, que domina la situación en su hogar y mantiene tanto al Rey como al Príncipe subyugados. Está interpretada por un hombre, y ¡es el mismo personaje que Carabosse! Tradicionalmente una bruja malvada, a la que caracteriza como un hombre elegante y misterioso de intenciones sucias y perversas.

El segundo mundo, en cambio, es alegre, divertido, de juego, incluso en las penas (cuando los Reyes no pueden tener hijos) y no existe el drama.

La puesta en escena es uno de los factores que contribuyen al éxito de Maillot en esta obra, con elementos sencillos pero estratégicamente creados y colocados en el escenario. El coreógrafo crea y separa o une los dos mundos de una forma clara, simple y genial: El primero neutro, sin colores vivos, con una forma central que lo aúna todo, que aporta una “salida” a las situaciones dramáticas que tienen lugar en esa atmósfera. El segundo colorido, con líneas rectas, curvas y una gran diagonal que cruza el escenario; formas situadas estratégicamente para que el espacio resulte visualmente compensado.

Las bolas o burbujas transparentes son otra de las genialidades de Maillot en esta obra. En todos los tamaños, están presentes durante todo el espectáculo, y aparecen con diferentes significados: Fertilidad, destino, magia, protección, amor…

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La Belle está tintada de reivindicaciones sociales de género. Tiene un fuerte aire sexual llegando incluso a la violación (el momento del pinchazo en la trama original), y pasando por caricias no casuales y besos muy explícitos. La obra también destila un evidente rechazo al machismo, sobre todo a través de dos personajes: La Bella y la Reina – Carabosse.

Me hubiera encantado ver a Bernice Coppieters en el rol principal, bailarina para la cual Jean- Christophe Maillot creó esta coreografía; pero Noelani Pantastico, quedó en un magnífico lugar llenando el escenario con su fragilidad y energía al mismo tiempo y una magnífica interpretación. El príncipe se mantuvo en un segundo plano, con su vestuario y su personalidad más neutras, pero técnicamente intachable. Una vez más, los Ballets de Montecarlo nos enseñan la magnífica técnica que caracteriza a su elenco profesional de bailarines.

Tanto la estética de los personajes como el tipo de personalidad que les otorga Maillot (oscura, con secretos), me recuerda a Tim Burton en Alicia y el País de las Maravillas, estoy totalmente intrigada en conocer y desconozco si pudiera tener influencias por gusto o coincidencia. En cuanto a mi humilde gusto, me encanta Tim Burton, y aunque su genialidad es difícil de igualar, Maillot en su ámbito se acerca bastante.

Si podemos definir con una palabra La Belle de Maillot es MAGIA. Gracias al Liceo por habernos facilitado el encuentro con este magnífico coreógrafo, y desde aquí reivindico, haciéndome eco de muchas opiniones idénticas, que nuestro gran Teatro de la ciudad condal debería traernos más ballets al año. ¡Con uno o dos no tenemos ni para empezar! Por eso disfrutamos tanto de acontecimientos como este. ¡Gracias!

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La Belle.

Ballets de Monte-Carlo.

Teatro Real. 6, 7, 8, 9, 10 y 11 de Septiembre de 2011.

Coreografía: Jean-Christophe Maillot

Música: Tchaikovski

Escenografía: Ernest Pignon-Ernest

Vestuario: Philippe Guillotel

Iluminación: Dominque Drillot

 

Aurora Dubois.

Crítica de danza.

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