Balanchine, ¿escondido tras sus coreografías?

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Bailarines principales del Pacific Northwest Ballet Louise Nadeau y Olivier Wevers en Agon, de George Balanchine. Foto: Angela Sterling.

Si la historia de la danza es fascinante, en un siglo como el nuestro lo es cada vez más. pues el coreógrafo ha emergido, por fin, con toda su personalidad y fuerza. Una coreografía es, hoy más que nunca, un poema en el que se trasluce un hombre, o una mujer, con sus pasiones, temores, triunfos y frustraciones

Balanchine, por ejemplo, tuvo siempre obsesión por no revelar nada de sí mismo en sus ballets y componer obras abstractas, coreografías sin argumento. Sin embargo, cuanto más se empeñaba en quedarse “fuera”, más difícil se le hacía. Cuando, en su libro sobre los grandes ballets de repertorio, explica su ballet Agon, llena dos páginas de comentario impersonal sobre el mismo, pero al final incluye la declaración de Lincoln Kirstein de que este ballet refleja una angustia existencial. Sí, son las palabras de otro, pero ¿Por qué añadirlas al comentario de una coreografía supuestamente abstracta? Es, en términos vulgares, como el que va al psicólogo y empieza a decir: “Tengo un amigo que tiene un problema…”

Pas a deux de Agon, de Balanchine, por San Francisco Ballet. 

El caso más curioso de Balanchine fue el ballet que montó sobre la Música para una escena cinematográfica, de Schoenberg. Balanchine hizo interpretar la música dos veces seguidas, y realizó… ¡dos coreografías distintas! Una era, como no, abstracta, pero la segunda tenía cierto argumento, la muerte, por una criatura extraña e inidentificable, de una pareja, según explicó él mismo, de hermanos o quizá amantes… Muchos críticos miopes lo atacaron por ello; ¿hacer dos ballets seguidos y distintos con la misma musica? No entendieron que aquel portavoz de la danza por la danza no podía silenciar, en un acto de creación, sus sentimientos personales, e intentaba llegar a un compromiso casi casi desesperado.

 

(Fragmento extraído del libro: Historia de la danza desde sus orígenes. Artemis Markessinis. Ed. Esteban Sanz Martínez y L. 1995)

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